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El asilo político a Evo Morales fortalece el liderazgo moral de México

El asilo político que México otorgó al expresidente de Bolivia Evo Morales Ayma fortalece al país y no tendrá repercusiones negativas frente a Estados Unidos, evaluó el doctor José Carlos Manuel Valenzuela Feijoó, docente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El investigador del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa consideró que mantener la tradición de brindar asilo político es un paso adelante y una medida “muy buena para México.

“Reafirma el viejo principio que ha dado connotación moral y dignidad a la política exterior mexicana desde hace décadas”.

En entrevista, dijo que el golpe de Estado del que emergerá un gobierno de ultraderecha en Bolivia “afectará el progreso popular y los afanes de libertad y justicia social en otros naciones, al cambiar la correlación internacional de fuerzas en contra de los sectores progresistas, lo cual es muy lamentable”.

La decisión de dar asilo político a un mandatario de origen indígena “es una postura decente que está anclada en códigos morales imprescindibles de la vida política, pero a la vez es un llamado de alerta ante las fuerzas de ultraderecha que existen en México que pudieran pensar en soluciones de este tipo”.

Para el Investigador Nacional, Nivel III, es claro que en el país hay sectores reaccionarios que quizá no busquen un golpe militar, sino lo que se denomina “golpe blanco”, que consiste en amenazar con un derrocamiento de Estado para echar atrás las principales metas del gobierno.

Valenzuela Feijoó explicó que las movilizaciones en Chile tienen que ver con factores sociales, económicos, sociológicos, aunque “existe un elemento moral del fenómeno en ese país en el que se percibe un rechazo a las actitudes que ha venido ensayando la burguesía heredera de la era de Augusto Pinochet y que se expresa en la concentración del ingreso y el desprecio a las clases medias y populares”.

El economista abundó que en aquella nación del Cono Sur hay una rabia de la clase media, los trabajadores y el pueblo en general contra los excesos de la derecha chilena, a lo que se suma un presidente ultra rico e insolente –con un nivel de aceptación entre la población de ocho por ciento– cuyo régimen ha contribuido a ensanchar la desigualdad.

También existe el rechazo de los llamados partidos de izquierda, que eran de esa tendencia en la época del presidente Salvador Allende, pero ahora son los administradores del modelo neoliberal y conviven políticamente con la derecha cooptando las burocracias sindicales.

“La demanda central del pueblo andino es reemplazar la Constitución que dejó Pinochet por una más democrática y afín a los deseos de la mayoría”.

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