Quienes vivimos en Miguel Hidalgo sabemos que la seguridad no se mide sólo en cifras, sino en rutinas cotidianas: en poder caminar de noche, en que nuestros hijos regresen tranquilos a casa, en que el comercio de la colonia cierre sin miedo. Por eso, cuando los números mejoran, es justo reconocerlo; pero también es nuestra responsabilidad preguntarnos con honestidad qué hay detrás de ellos.
El pasado 23 de enero, el Inegi publicó la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) correspondiente al primer trimestre de 2026. A primera vista, los resultados para Miguel Hidalgo son alentadores. La percepción de inseguridad cayó de 51.1% en septiembre de 2025 a 35.7% en diciembre del mismo año. Una reducción de 15.4 puntos porcentuales en tan solo un trimestre. Como vecino, celebro que más personas se sientan seguras en nuestras calles. Como concejal, estoy obligado a ir más allá del aplauso fácil.
En los últimos días, el gobierno de la alcaldía ha intentado presentar esta mejora como un logro exclusivo de su administración. Sin embargo, en política pública —y particularmente en seguridad— adjudicarse méritos que no son propios es una práctica tan vieja como peligrosa. Porque confunde, porque distorsiona y porque, al final, debilita lo que dice defender.
Desde el Concejo he participado en las sesiones de la Comisión de Seguridad Ciudadana y ahí la realidad ha sido clara: la propia estructura operativa de la alcaldía ha reconocido carencias importantes, tanto de personal como de experiencia territorial para cubrir de manera eficaz toda la demarcación. No es una opinión; es información vertida por funcionarios del área.

Pero más allá de los informes, está la calle. Y quienes vivimos aquí la recorremos todos los días. Vecinos de distintas colonias —y yo mismo— hemos constatado una práctica preocupante: elementos del programa ‘Blindar MH’ durmiendo dentro de las patrullas. Nadie cuestiona el derecho al descanso de los policías; lo que se cuestiona es que la patrulla, que debería ser una herramienta de prevención y vigilancia, termine convertida en dormitorio, existiendo módulos designados para ello. Eso no es una anécdota menor: es un síntoma de una estrategia local que no está funcionando como debería.
Entonces, la pregunta es inevitable: si el modelo de seguridad de la alcaldía tiene estas fallas, ¿cómo se explica la mejora en la percepción de seguridad?
La respuesta está en la coordinación institucional. La reducción de la inseguridad en Miguel Hidalgo es, en buena medida, resultado del trabajo de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX y de la estrategia integral impulsada desde el Gobierno central. La presencia constante de la policía capitalina, el uso de inteligencia, los operativos focalizados y la coordinación metropolitana son los factores que están dando resultados reales.
Negar esto para colgarse una medalla política no sólo es deshonesto; es riesgoso. Porque cuando se rompe la cooperación y se privilegia la narrativa sobre la realidad, quienes pagan el costo son los vecinos.
La seguridad no puede ser rehén de fobias políticas ni de disputas partidistas. Las y los miguelhidalguenses no preguntan de qué color es el uniforme cuando caminan tranquilos por su colonia. Sólo quieren resultados, y esos resultados se construyen sumando, no compitiendo por titulares.
Si de verdad queremos que ese 35.7% siga bajando, la alcaldía debe reconocer sus límites, corregir las fallas evidentes de ‘Blindar MH’ y asumir que la seguridad se fortalece cuando hay colaboración genuina con el Gobierno de la Ciudad, no cuando se le da la espalda.
Reconocer el trabajo ajeno no debilita a nadie. Al contrario: es el primer paso para construir una estrategia sólida y duradera. Como vecino y como concejal, mi compromiso es con Miguel Hidalgo, no con la propaganda. Porque aquí vivimos, aquí caminamos y aquí queremos seguir sintiéndonos seguros.

El asertivo Información