Durante la Copa del Mundo hubo una frase que terminó por instalarse en la conversación cotidiana. Dos palabras bastaron para despertar ilusión, esperanza y hasta sentido del humor: ¿Y sí, sí?
¿Y si sí sucede? ¿Y si sí se logra? ¿Y si sí hacemos posible aquello que parecía imposible?
Hoy quiero tomar esa misma frase para hacer una pregunta mucho más cercana a la realidad que vivimos en Miguel Hidalgo: ¿Y sí, sí nos ponemos a trabajar? ¿Y si sí atendemos, de una vez por todas los cientos de folios ciudadanos que permanecen abiertos en el CESAC?
Porque detrás de cada reporte no hay un simple número de expediente. Hay una vecina preocupada por un árbol con riesgo de caer. Un adulto mayor que debe sortear una banqueta destruida. Una familia que vive junto a una coladera colapsada. Un comerciante que espera una luminaria que nunca llega. Ciudadanos que hicieron lo correcto: reportar un problema y confiar en que su gobierno respondería.
Lamentablemente, la confianza también se vence cuando las respuestas nunca llegan.

Concejal de Miguel Hidalgo y líder social
La fuerte lluvia del pasado 11 de junio dejó al descubierto una realidad que ya conocíamos: más de 200 árboles colapsaron en distintos puntos de la alcaldía. Lo verdaderamente grave es que muchos de ellos ya habían sido reportados por los vecinos.
Había folios. Había solicitudes y advertencias. Lo único que faltó fue actuar. Y aunque ese episodio ya pasó, el problema sigue vigente. Todavía estamos en temporada de lluvias y cada tormenta representa un nuevo riesgo para quienes transitan por nuestras calles. La prevención no puede ser un esfuerzo ocasional; debe ser una política permanente.
Cuando un árbol cae o una calle termina inundada ya no basta con desplegar brigadas de emergencia ni con argumentar que la lluvia fue extraordinaria. La pregunta obligada sigue siendo la misma:¿Qué habría pasado si esos reportes se hubieran atendido a tiempo?
Quiero reconocer, como siempre lo he hecho, el trabajo de las mujeres y hombres de Protección Civil de Miguel Hidalgo, del Heroico Cuerpo de Bomberos, de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de todo el personal operativo que enfrenta las emergencias sin importar la hora o las condiciones.
Ellos llegan cuando el problema ya ocurrió. Ellos hacen su trabajo. Y muchas veces lo hacen con recursos insuficientes.
Desde hace tiempo he insistido en que Protección Civil necesita mejores herramientas, más equipo y algo tan elemental como instalaciones dignas para descansar, asearse y recuperarse después de jornadas que, en ocasiones, superan las veinte horas.
Ese esfuerzo merece reconocimiento. Lo que no merece aplausos es convertir cada emergencia en una oportunidad para la propaganda.
Existe una enorme diferencia entre informar y utilizar una tragedia como escenario para una sesión fotográfica. Aparecer únicamente para el video de unos cuantos segundos y desaparecer cuando se apagan las cámaras, como dicen los jóvenes, da muchísimo cringe.
La ciudadanía ya sabe distinguir quién trabaja todos los días y quién sólo aparece cuando hay reflectores. También sería deseable que, una vez concluida la intensa agenda que implicó la Copa del Mundo, el Concejo de Miguel Hidalgo recupere su ritmo institucional.
Porque, siendo sinceros, pareciera que las sesiones ordinarias quedaron suspendidas. Eso sí. Cuando hay que aprobar el presupuesto, el Concejo reaparece. Para votar lo urgente siempre hay tiempo. Para discutir lo importante, seguimos esperando.

Y resulta inevitable preguntarse si las sesiones ordinarias tienen el mismo destino que muchos folios ciudadanos: todos sabemos que existen, pero nadie las atiende.
El Concejo no fue creado únicamente para levantar la mano frente a un dictamen financiero. Fue creado para debatir, supervisar, cuestionar y construir soluciones. Ahí deberíamos estar hablando del rezago en los reportes ciudadanos. Del mantenimiento preventivo del arbolado, del desazolve permanente de la red hidráulica, bacheo, las luminarias, las banquetas, de la seguridad y prevención.
Porque gobernar también significa anticiparse. No esperar a que vuelva a caer otro árbol para revisar un expediente. No esperar a que una inundación entre a una vivienda para limpiar una coladera; y no esperar a que un bache provoque un accidente para enviar una cuadrilla. Y mucho menos esperar a que se acerque el proceso electoral para descubrir, de pronto, que existen calles, colonias y vecinos.
Porque todos sabemos lo que ocurre cuando llegan las campañas: las brigadas aparecen. Las calles comienzan a recibir atención. Los futuros candidatos recorren las colonias, las fotografías abundan, los chalecos nuevos salen del clóset.
Y pareciera que, de un día para otro, todos descubren un territorio que durante tres años permaneció olvidado.

Pero hoy no estamos en campaña. Seguimos en temporada de lluvias. Y mientras las precipitaciones continúen, los riesgos también. No hacen falta más recorridos para la fotografía. Hacen falta cuadrillas permanentes trabajando antes de que ocurra la siguiente emergencia. Porque una coladera limpia evita una inundación.
Un árbol atendido a tiempo puede salvar una vida. Una banqueta reparada evita un accidente. Y un folio resuelto devuelve algo que ningún discurso puede comprar: la confianza de la ciudadanía.
Por eso vuelvo a la pregunta con la que inicié. ¿Y sí, sí dejamos de reaccionar cuando ya ocurrió el problema y empezamos, por fin, a prevenirlo? Porque esa sí sería una victoria que Miguel Hidalgo celebraría mucho después de que termine cualquier Copa del Mundo.
El asertivo Información