Home / Opinión / Azcapo es puro antojo

Azcapo es puro antojo

Pulso Chintololo: la ciudad desde Azcapo

Azcapotzalco no sólo huele a historia y a tradición, también huele, y sabe, a puro manjar. Vivir aquí es tener el privilegio de comer sabroso a la vuelta de cualquier esquina. No hay rincón de la alcaldía donde no se te haga agua la boca. De los mercados a los restaurantes clásicos, de las fondas entrañables a los puestos callejeros de culto: Chintolandia es un festín diario.

Para abrir boca está el Mesón Taurino, ese lugar bravo y entrañable donde el los frijoles charros cumple hasta el paladar más exigente. Las gaoneras son leyenda, de esas que se comen con las manos y los ojos cerrados, como rezando. Aquí se viene a comer fuerte, a brindar sabroso y a saborear la vida como solo se hace en Azcapo.

Y si hablamos de cantinas con historia, el Dux de Venecia es pura tradición chintolola con limón en la mano y torta de pulpo  en la otra. Ahí, entre charlas de sobremesa y risas con eco, se sirve una bebida clásica que solo existe ahí: el limón, mitad mística, mitad refrescante, y 100% adictiva.

Las Petroleras

Y qué decir de las legendarias petroleras, esa garnacha monumental que parece el primo gigante entre el sope y el huarache. Se trata de una tortilla gruesa de maíz, de entre 30 y 40 cm de diámetro, parecida a una pizza, pero bien mexicana. Va untada de frijoles, bañada en salsa, coronada con carne, cebolla, queso, nopales, papas… y lo que le quepa al antojo. Comer una es declararse en guerra contra la dieta, y perder feliz.

Los mercados, por su parte, son una sinfonía de antojitos. El de Camarones, el de San Juan Tlihuaca o el de la Prohogar tienen sus propias joyas: que si las quesadillas de flor con queso, que si los tacos de carnitas o el consomé que cura hasta el mal de amores. Comer ahí es saborear la calle con cucharita de barrio. 

Y para la sed…

¿Cerveza de raíz? ¡Claro que sí, con harto hielo y su popote rojo! Esa bebida burbujeante y nostálgica es el refresco no oficial de todo buen chintololo. No importa si la tomas en vaso de unicel o en garra de vidrio, siempre sabe a infancia, a domingo, a parque.

Y si el antojo es más formalón, está el sabrosísimo El Bajío, con sus tacos de barbacoa y carnitas que se comen con respeto y tortilla calientita. Comida típica de esta zona del país, hecha con sazón de casa, sin pretensiones, pero con mucha identidad.

Para los amantes de los mariscos, el clásico infalible son Los Jarochos, donde se arma la fila pero vale cada minuto. Cócteles, pescados, caldos y camarones que saben a playa aunque estés en el corazón del asfalto. Son los reyes del mar en Azcapo, punto.

Y no podemos cerrar sin mencionar a los legendarios Parados de Pepe, donde los tacos no se sirven… ¡se despliegan! Son tan grandes que el que no es de aquí llega confiado y pide tres de bistec. El taquero nomás sonríe porque sabe que con uno tienes, y que si pides más es porque todavía no hablas chintololo.

Los Parados de Don Pepe

Y para el postre o la bajadita, la Michoacana de la Nueva Santa María nunca falla. Paletas, helados, sabores que cambian según el antojo. O si se trata de curarse el alma con un buen pozole, La Casa de Toño siempre está lista con su servicio exprés, sus flanes y esa sensación de que ahí todo está bien.

Porque sí, en Azcapotzalco se camina entre colonias , pueblos y barrios…  con la certeza de que algo rico te está esperando a la vuelta de la esquina.

¿Y ustedes, cuál prefieren?

Leonardo Vanegas López @LeonardoAzca

About El Asertivo

Publicidad 300×250

Powered by moviekillers.com