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Intimidación, PAN y circo

Hay algo profundamente equivocado cuando un gobierno decide responder con fuerza pública a lo que, en el fondo, es una expresión de hartazgo ciudadano.

Lo ocurrido en la alcaldía Miguel Hidalgo no es un hecho menor ni aislado. Es un síntoma. Un síntoma de desconexión, de soberbia y, peor aún, de una peligrosa normalización del abuso de poder. Porque mandar policías a detener vecinos -sí, vecinos- por dejar basura en la explanada, basura que ellos mismos recogieron del abandono del Parque Lira, no es gobernar: es reprimir.

Y lo más grave no fue sólo la detención. Fue el escenario. Pero así es esto, PAN y circo

El llamado ‘miércoles ciudadano’, ese espacio que debería servir para escuchar, atender y resolver, terminó convertido en un escaparate de intimidación. Ahí, frente a otros vecinos que acudían con solicitudes legítimas, se exhibió a ciudadanos como si fueran delincuentes. Se les señaló, se les rodeó y se les subió a patrullas bajo el argumento endeble de “alteración del orden”.

¿De verdad ese es el orden que se quiere imponer? ¿El del silencio y la sumisión?

Entre los detenidos hubo adultos mayores. Personas que no representan amenaza alguna, pero que sí representan algo que parece incomodar: memoria, dignidad y voz. Llevarlos al Ministerio Público por recoger basura y exigir atención no sólo es desproporcionado, es indignante.

El mensaje es claro y preocupante: quien señala, quien incomoda, quien evidencia el abandono, será tratado como problema.

Porque no nos confundamos. Esto no empezó en la explanada. Empezó en el Parque Lira, en su deterioro, en la falta de mantenimiento, en la omisión. Y cuando los vecinos decidieron hacer lo que la autoridad no hizo, limpiar, entonces sí apareció el gobierno, pero no con soluciones, sino con patrullas.

Al alcalde Mauricio Tabe hay que decirle algo con toda claridad: gobernar no es administrar el enojo propio ni reaccionar por berrinche. Gobernar es asumir responsabilidades, incluso cuando son incómodas.

Porque lo que ocurrió también deja una lectura política evidente: a esos vecinos no se les castigó por tirar basura, se les castigó por recordar que el problema sigue ahí, que el parque sigue sucio, que la promesa no se ha cumplido.

Y eso, en política, pesa más que cualquier bolsa de desechos.

Mauricio, no lo olvides: no estás ahí por concesión ni por capricho. Estás ahí porque la gente te puso. Esa misma gente a la que hoy se le manda la policía.

La autoridad no puede ser reactiva cuando se le cuestiona y omisa cuando se le necesita. No puede criminalizar la exigencia ni convertir el espacio público en un terreno de castigo ejemplar.

Porque cuando un gobierno le teme más a sus ciudadanos que a sus propias fallas, deja de gobernar… y empieza a perder legitimidad.

Oscar Munguía, concejal en Miguel Hidalgo y líder social.

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