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Mundial 2026 en Miguel Hidalgo: ni espectáculo sin seguridad, ni fiesta sin pueblo

En 2026 la Ciudad de México volverá a ser vitrina del mundo por el Mundial. Y Miguel Hidalgo, nos guste o no, será uno de los principales escaparates. Polanco, el corredor hotelero, nuestras vialidades estratégicas… todo estará bajo la lupa internacional. Se habla de derrama económica, de turismo, de posicionamiento global. Y sí, eso es real. Pero también es real la presión que se viene encima: movilidad colapsada, servicios rebasados y riesgos que no admiten improvisaciones.

Como concejal y Presidente de la Comisión de Protección Civil lo digo con claridad: ninguna celebración vale más que una vida. La euforia no puede sustituir la planeación. La historia de esta ciudad nos ha enseñado que los eventos masivos mal organizados se pagan caro. En Miguel Hidalgo ya hemos vivido tragedias que dejaron cicatrices profundas. No podemos permitir que la memoria se archive cuando llegan los reflectores.

Un Mundial no es solamente un evento deportivo; es un operativo permanente de gestión de riesgos. Necesitamos protocolos claros, simulacros reales, coordinación interinstitucional efectiva y, sobre todo, decisiones anticipadas. Control de aforos, rutas de evacuación, atención prehospitalaria, supervisión de establecimientos, regulación de eventos alternos. Nada puede quedar sujeto a la buena voluntad o a la ocurrencia de última hora.

Pero hay una discusión que me parece todavía más importante: ¿para quién será este Mundial?

Porque mientras en Polanco se hablará de reservas agotadas y restaurantes premium, en nuestras colonias populares muchas familias verán el torneo desde la televisión, lejos de la experiencia que se presume como “histórica”. El fútbol es del pueblo. No puede convertirse en privilegio de quien puede pagar.

Por eso propongo algo claro: que llevemos el Mundial a los barrios con organización y responsabilidad. Fan Fests en deportivos públicos, pantallas gigantes en plazas comunitarias, actividades culturales y deportivas gratuitas. Pero no como eventos improvisados, sino con el mismo estándar de Protección Civil que exigiremos en las zonas de mayor plusvalía. Si en el corredor hotelero habrá excelencia, en nuestras colonias también debe haberla.

La equidad también se organiza. Este Mundial puede ser un parteaguas para Miguel Hidalgo. Podemos limitarnos a administrar la inercia del espectáculo o podemos demostrar que sabemos gobernar con visión social y con responsabilidad técnica. Que entendemos que el derecho a la ciudad implica seguridad, recreación y dignidad para todos, no sólo para quienes aparecen en las postales.

Ser anfitriones de clase mundial no significa poner alfombra roja; significa cuidar a nuestra gente primero. Y en eso no voy a titubear.

Oscar Munguía, concejal en Miguel Hidalgo y líder social.

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