Cuando el rascacielos en donde Noel Márquez vivía con su familia se desplomó y estalló en llamas durante los dos sismos en Venezuela, Márquez, quien se encontraba en el apartamento de su novia, corrió a casa y llamó a su madre, a sus abuelos y a sus hermanos. El único que respondió fue su hermano de 17 años, cuyas piernas quedaron atrapadas bajo enormes columnas que tuvieron que ser levantadas con maquinaria pesada.
Márquez y su padre, quien también sobrevivió, se comunicaron a través de capas de concreto, escuchando a Leonel mientras sufría, gritaba por ayuda e inhalaba humo asfixiante al tiempo que esperaba que una grúa retirara las losas que lo aplastaban. Pero nunca llegó. Varias horas después, los gritos de Leonel dieron paso al silencio, contó Márquez.
Pero incluso eso, por terrible que fuera, no fue lo más perturbador. Lo peor, afirmó Márquez, fue intentar recuperar los restos de su familia con poco más que sus manos desnudas y una sierra. Cortó extremidades para liberar los cadáveres de Leonel y de su madre, pero se vio obligado a abandonar bajo las ruinas a su hermana, que tenía ocho meses de embarazo, a su abuela y a otros familiares —y junto a sus cuerpos, también quedó abandonada la esperanza de que, si no podía salvarlos, al menos pudiera darles digna sepultura.
“Todo lo que está pasando es inhumano”, manifestó Márquez, de 26 años, desde la desbordada morgue improvisada en el puerto de La Guaira. “No pudimos sacar a mi hermano porque no tuvimos respuesta del Estado… y después de 11 días todavía estamos solicitando una grúa”.

Se quedan solos para buscar
Márquez es uno de incontables venezolanos que, después de varios días de tormento, se han quedado solos para buscar, si no señales de vida, entonces los restos de sus seres queridos —y algún atisbo de cierre.
Equipos internacionales de rescate se preparan para partir, reconociendo discretamente la posibilidad de que no se encuentre con vida a más víctimas luego de 12 días bajo los escombros. Las autoridades locales están centrando su atención en conseguirle albergue a miles de personas desplazadas. Pero la recuperación de los cuerpos se ha convertido en una tarea urgente —y aterradora— para los venezolanos que aún no hallan a sus seres queridos.
“Encontré su manito, pero su torso está aplastado”, dijo Norely Rodríguez, quien trata de sacar a su hija de 5 años de las ruinas en el estado de La Guaira, el más afectado del país. “Quiero ver si la puedo sacarla completa”.
Residentes denuncian abandono en su búsqueda de restos
Muchos aseguran que, así como se quedaron sin ayuda del gobierno para rescatar a sobrevivientes inmediatamente después de los sismos, ahora tampoco cuentan con el equipo necesario para desenterrar a sus muertos casi dos semanas después.
Cuanto más tiempo pasa, más sombrío se vuelve el proceso de recuperación, señaló William Gómez, bombero en La Guaira. “Realmente está difícil, ha sido difícil porque los cuerpos están ya en un avanzado estado de descomposición de tal manera que muchas veces se nos hace que para retirarlo ya se desmiembra y tenemos que irlo sacando así”, dijo.
Más de 3 mil 500 muertos
Las autoridades anunciaron que el número de muertos aumentó el lunes a 3 mil 535, con otras 16 mil 740 personas heridas. Más allá de eso hay un saldo incalculable: quienes aún no han sido encontrados. No hay estadísticas oficiales sobre cuántas personas están enterradas bajo los escombros, pero se han enviado más de 30 mil reportes de desaparecidos a un sitio web habilitado por la oposición venezolana.
Durante el fin de semana no se vieron cuadrillas gubernamentales de defensa civil ni a fuerzas de seguridad ayudando a las familias a excavar en La Guaira. La gran mayoría de quienes trabajaban entre los escombros eran civiles que usaban sus propias manos o herramientas rudimentarias como picos y palas, ocasionalmente acompañados por bomberos y rescatistas mexicanos que permanecen en el país.
Hay 1.2 millones de toneladas de escombros en las zonas más afectadas de La Guaira, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Con información de AP
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