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Las velas no sólo iluminan; mantienen viva la presencia de quienes ya no están

En México las velas no solo iluminan, también acompañan. Están ahí para recordar, celebrar, guiar o despedir. Una vela encendida marca momentos clave de la vida: desde el nacimiento y el bautizo, hasta los rezos de un velorio, las ofrendas del Día de Muertos o la esperanza en la corona de Adviento.

Hay una historia sencilla, pero reveladora que se repite en muchas casas: la de esa vela que siempre estaba encendida en el altar familiar, y que parecía arder sin prisa, como si supiera que su papel no era alumbrar una habitación, sino mantener viva la presencia de quienes ya no están.

Para Daniel Reynosa, fundador de Veladoras Tonalli, una empresa familiar con base en Cuajimalpa, dedicada desde hace años a la elaboración artesanal de velas y ceras, esa escena representa mucho más que un recuerdo: “La vela encendida es una promesa. Una forma de decir ‘aquí estoy’, aun cuando ya no estamos. Las velas tienen alma: están hechas para durar, para estar presentes cuando las palabras no alcanzan”.

Para los mexicas, el Tonalli era la energía vital y la luz del sol que reside en cada ser. Es la chispa que nos da fuerza y propósito. Con ese mismo espíritu, nació nuestra marca: para llevar un pedacito de esa luz y tradición a sus hogares, explicó.

El papel de las veladoras no es sólo alumbrar, sino mantener viva la presencia de quienes ya no están.

Velas en todos los momentos: del cirio pascual al altar de muertos

Aunque su presencia se intensifica en fechas como el Día de Muertos, las velas forman parte del imaginario colectivo mexicano durante todo el año. En Semana Santa, el cirio pascual simboliza la luz de Cristo; en diciembre, las velas del Adviento se encienden cada semana como símbolo de espera y reflexión. En celebraciones católicas como bautizos, confirmaciones y matrimonios, la vela es testigo de fe y compromiso.

Y cuando llega la despedida, las ceras en los velorios no son decoración: son símbolo de respeto, compañía y tránsito.

“La vela no disipa solo la oscuridad física, también calma el corazón en momentos de duelo”, explicó Reynosa.

Una industria con historia… y desafíos

México es uno de los principales consumidores de velas en América Latina, especialmente durante celebraciones religiosas y tradiciones culturales. Según datos del Inegi, la industria nacional de velas y veladoras genera más de mil 500 millones de pesos anuales, con miles de empleos concentrados principalmente en pequeños talleres familiares.

Sin embargo, esta tradición enfrenta retos importantes: la importación de productos industriales de bajo costo, la pérdida del conocimiento artesanal y la preferencia por velas decorativas desechables.

“Hay menos jóvenes aprendiendo el oficio, y muchas de las fórmulas tradicionales, como las mezclas de ceras vegetales, minerales y animales, están desapareciendo”, señaló Reynosa. “Detrás de cada veladora hay una técnica que merece ser respetada”.

Veladoras Tonalli forma parte de esa red de talleres familiares que elaboran velas de forma artesanal. Para Reynosa, estas empresas locales no son sólo un negocio, sino guardianas de una tradición viva.

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