Las lluvias y huracanes se consolidan como un riesgo para el bolsillo de los hogares mexicanos, ya que el 50% de la población afirmó que la principal preocupación económica ante estos fenómenos es sufrir daños en su patrimonio, desde afectaciones a la vivienda y pérdida de muebles, hasta daños en automóviles, de acuerdo con el estudio ‘Percepción Nacional de la Temporada de Lluvias y Huracanes 2026’, elaborado por Research Land.
Esta afirmación sucede después de un año particularmente costoso ya que en 2025, los daños asegurados por lluvias, inundaciones y otros riesgos hidrometeorológicos alcanzaron 11 mil 300 millones de pesos, 70% más que en 2024; mientras que apenas 26.5% de las viviendas en México cuenta con algún seguro, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS).
“Las lluvias dejaron de percibirse únicamente como un fenómeno meteorológico y comenzaron a representar un riesgo financiero para las familias. Cuando una inundación afecta una vivienda, un automóvil o impide trabajar durante varios días, el impacto llega directamente al patrimonio y al ingreso disponible de los hogares”, afirmó Pablo Levy, Director General de Research Land.
El estudio reveló además que 22% de los mexicanos señaló como principal inquietud la pérdida de ingresos, empleo o el cierre de negocios; 18% teme tener que asumir directamente las reparaciones de su colonia sin apoyo gubernamental; mientras que 10% manifestó preocupación por un eventual desabasto de alimentos y el consecuente incremento de precios.
La preocupación patrimonial aumentó 18 puntos porcentuales en dos años. En 2024, los daños a bienes representaban el 32% de las principales inquietudes económicas relacionadas con lluvias y huracanes; para 2026 alcanzaron el 50%.

El impacto económico cambia según la región
La vulnerabilidad económica no se percibe de manera uniforme en el país. En las zonas costeras, donde existe una mayor exposición a huracanes, el 70% de la población señaló los daños al patrimonio físico como su principal preocupación.
En la región central, en cambio, el impacto se relaciona más con la actividad productiva dado que el 50% teme una pérdida de ingresos derivada de afectaciones al empleo o del cierre de negocios. En el Valle de México aparece otra presión sobre el bolsillo ya que el 30% manifestó preocupación por tener que asumir directamente el costo de reparar su colonia después de una inundación.
Entre los hogares de nivel socioeconómico D+ las preocupaciones están más fragmentadas dado que el 35% señaló el costo de reparar su entorno, el 34% la pérdida de patrimonio, y el 31% la afectación de sus ingresos.
“Los datos mostraron que un mismo fenómeno puede producir impactos económicos muy distintos. En algunas regiones está en juego la vivienda; en otras, la capacidad de seguir trabajando o mantener abierto un negocio. Para los hogares con menor margen financiero, cualquiera de estas afectaciones puede convertirse en una presión considerable”, explicó Levy.
Solo 5% atribuye las inundaciones a la naturaleza
Además del impacto económico, el estudio identificó un cambio relevante en la manera en que los mexicanos explican las inundaciones. En 2024, 38% atribuía estos fenómenos a la fuerza de la naturaleza; en 2026 la proporción cayó a solo 5%. En contraste, quienes responsabilizan a la falta de mantenimiento y limpieza aumentaron de 31% a 52%; mientras que la ausencia de grandes obras públicas pasó de 20 a 32%|.
También cambió la percepción sobre la capacidad del país para enfrentar estos fenómenos. En 2024, 18% identificaba las deficiencias de infraestructura como una de las razones por las que México no estaba preparado para lluvias y huracanes; actualmente, la cifra alcanza 41%. La percepción de ineficiencia gubernamental aumentó 25 puntos porcentuales, al pasar de 13% a 38%.
“La preocupación económica estuvo acompañada de una mayor exigencia sobre aquello que puede prevenirse. La ciudadanía ya no atribuyó automáticamente las pérdidas a la intensidad de la lluvia; comenzó a preguntarse cuánto del daño podría evitarse con mantenimiento, infraestructura y una mejor planeación”, señaló Pablo Levy.
Nueve de cada 10 demandan soluciones de infraestructura
Ante el riesgo de perder patrimonio o ingresos, las prioridades de la población apuntan hacia soluciones de largo plazo. El 90% concentró sus demandas en medidas de infraestructura para reducir las afectaciones provocadas por lluvias severas.

El 52% consideró urgente desarrollar sistemas modernos de captación y almacenamiento de agua de lluvia, y el 38% demandó rediseñar las redes de drenaje y alcantarillado. Solo 5% consideró prioritario mantener un modelo basado principalmente en alertas tempranas y albergues.
Esta percepción ocurre en un contexto en el que 58% consideró que México está poco o nada preparado para enfrentar la temporada de lluvias y huracanes; mientras que solo el 11% calificó al país como “muy preparado”.
“La discusión sobre infraestructura también incluye la protección patrimonial. Prevenir una inundación significa evitar que una familia tenga que destinar recursos no previstos a recuperar bienes, reparar su vivienda o enfrentar una interrupción en sus ingresos”, aseveró el Director General de Research Land.
La responsabilidad tampoco recae exclusivamente en las autoridades. El 82% de los mexicanos identificó tirar basura en calles, drenajes y alcantarillas como la principal falta de responsabilidad de la ciudadanía; frente a 7% que señaló habitar en zonas de alto riesgo, 6% no informarse ni contar con un plan de emergencia y 5% ignorar avisos de evacuación.
El contexto meteorológico mantiene vigente esta preocupación. Para la temporada 2026 se pronosticaron entre 29 y 36 ciclones tropicales en los océanos Pacífico y Atlántico; mientras que históricamente alrededor de cinco ciclones impactan directamente al territorio mexicano cada año.
El asertivo Información